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viernes, 2 de septiembre de 2011

SONÓ EN EL 2010 ("BLACK ROCK")



JOE BONAMASSA
“Black Rock”
J&R Adventures

ROCK/BLUES (TRES ESTRELLAS Y MEDIA)
El americano Joe Bonamassa, es una máquina de sacar discos. El último es este “Black Rock”, que de nuevo vuelve a estar a la altura de las expectativas. Trece canciones entre las que encontramos temas propios (los más destacados del álbum, sobre todo esa maravilla que es “Blue and evil” donde parece transmutarse en el Jimmy Page de la época del “Physical graffiti”) y como viene siendo habitual, una serie de versiones de temas míticos de la crème de la créme del mundo de la música: Bobby Parker, Jeff Beck, Rod Stewart, Ron Wood, Leonard Cohen… En todas ellas, Bonamassa sigue dando lecciones magistrales de cómo se debe tocar una guitarra (no olvidemos que ya a la edad de doce años era elogiado por el maestro B.B. King, quien también colabora en este disco en el tema “Night life”) y vuelve a mostrarse como un excepcional vocalista, especialmente en “Quarryman´s lament” (de una sensualidad extasiante) y en “Three times a fool”, en las que recuerda y mucho al extraordinario Don Henley, cantante y batería de The Eagles. El décimo trabajo de estudio del americano es rock negro. Negro y exquisito como el caviar. 

martes, 7 de junio de 2011

DESCONCIERTOS (SEX MUSEUM Y ELECTRIC FENCE)



Concierto celebrado el pasado jueves 26 de Mayo de 2011 en El Sol (Madrid). Público: ¾ de entrada.

La novel banda madrileña Electric Fence fue la escogida por Sex Museum para telonearles. Con ello les brindaron la oportunidad de que demostrasen sus cualidades y lo cierto es que cumplieron con nota. Porque aunque es cierto que su fórmula, inspirada fundamentalmente en el hard rock clásico, no es excesivamente original a estas alturas de la película y que algunos temas sonaron demasiado parecidos entre sí, lo cierto es que poseen a su vez un buen puñado de potentes canciones –“Sex doll”, “Burn out blues”, “Look out”…-, una gran intensidad y altas dosis de desparpajo. Su sonido recordó fundamentalmente al de bandas de rock y hard rock americanas, en la onda de The Black Crowes, pero con un toque más potente, sobre todo gracias a su poderosa sección rítmica. Y hablando de secciones rítmicas, me parece de ley comenzar mi crónica sobre el concierto posterior de Sex Museum, elogiando la que para mí es sin duda la más potente, contundente y atronadora unión de bajo y batería que hay en este país, y que no es otra que la formada por Loza y Javi Vacas, que a su vez también forman parte de Los Coronas junto con Fernando Pardo. Un Fernando que fue una vez más el encargado de presentar los diferentes temas que fueron cayendo, y como no, de marcar el ritmo del concierto con sus soberbios riffs de guitarra que fueron ganando en velocidad e intensidad a medida que avanzaba la actuación. Ya que he empezado, seguiré con las presentaciones hablando de Marta Ruíz, que es sin duda la gran culpable de que los temas de Sex Museum hayan ido adquiriendo con el paso de los años (y sobre todo en el directo) un tono cada vez más oscuro. Su último disco: “Again and again”, publicado recientemente y que tocaron prácticamente en su totalidad, es un buen ejemplo para comprobar como en el sonido de la banda cada vez tienen más presencia los teclados por encima de las guitarras, algo que en discos anteriores era al revés. Y he dejado para el final a Miguel Pardo, porque fue sin duda el epicentro de esta actuación. Su desparrame de energía y cojones, su presencia hipnótica y su personalidad para convertirse en el aglutinador de todas las miradas, fue toda una lección (una más de las miles que lleva) de todas las cualidades que debe poseer un buen frontman. La prensa musical más pejiguera ha criticado en ocasiones su mala pronunciación en inglés, quizás porque nunca han entendido que lo que verdaderamente le convierte en un cantante cojonudo es precisamente el don que tiene para “apardar” o “amiguelar” (como prefiráis) todas y cada una de las sílabas que salen de su garganta, consiguiendo un sonido único, personal y reconocible, dotando de un ritmo que parece un in crescendo continuo a cada palabra, cada frase y cada párrafo de las letras que interpreta y provocando una especie de cascada tonal que aunque parezca imposible, siempre consigue elevarse más y más. Una prensa musical que luego en cambio se corre con las monótonas e insulsas voces de los grandes iconos del indie pop, encumbrándoles al olimpo de los Dioses (me cago en la puta una y mil veces). Pero hoy no voy a dedicarle ni una palabra más al jodido indie pop patrio, porque hoy toca hablar del género que más y mejor sabe tocar el lado salvaje y animal del ser humano, pese a que por desgracia no viva uno de sus mejores momentos (que ya ni los Sex Museum logren el cartel de no hay billetes es algo más que preocupante), que no es otro que el del rock. Porque rock con mayúsculas es lo que llevan más de veinticinco años haciendo los que son sin duda uno de los grandes referentes de este género en nuestro país. Sin olvidarnos claro está de sus altas dosis de garage, psicodelia, hard rock y como no de su primera etapa más soulera y con querencia también por el R & B. Todo un puñado de géneros puestos al servicio de unas canciones que llevan acompañándonos toda nuestra vida, siempre compuestas y ejecutadas con una maestría fuera de toda duda. Pese a todos estos merecidos halagos, no puedo ocultar el hecho de que éste no ha sido uno de los mejores directos de Sex Museum a los que yo he asistido. A mi modo de ver, el principal problema radica en que los cortes de su nuevo álbum (más clásicos y menos “hard”) en directo suenan menos contundentes que el resto del repertorio y esto rompió un poco el ritmo infernal que caracterizó por ejemplo su última gira: “Smash your hits tour” en la que tocaban una selección de los mejores temas de su carrera, esos que se recogieron en el imponente disco “Fifteen hits that never were”. Por eso, buena parte del público entre los que se encontraban muchos amigos, se acercaba a la barra y me comentaba: “está bien pero les falta rematar”, “¿cuándo viene la tralla?” u “hoy están más blanditos, ¿no?”. Y lo cierto es que sobre todo en los primeros tres cuartos de hora, estuvieron más tranquilos que de costumbre. Fue en esta parte del bolo cuando cayeron casi todas las nuevas canciones (que pese a todo, a mí me parecen muy buenas): “Again and again”, “Masterplan”, “Let me go home”, “Save your soul”, “Go go rocker”… Mención especial merecen las oscuras y majestuosas “I´m falling down” y “Seven Days”, que se elevaron por encima del resto y estuvieron a la altura de temas pasados como “Two sisters”, “Landlords” o “I enjoy the forbidden”, que mucho más rodados, fueron de los mejores momentos del bolo. Mientras tanto, yo le decía a mis colegas, esperad a que suene el “Go around” (temazo oscuro, psicodélico, monumental y arrebatador con el que cierran “Again and again”) y ya me contaréis si no tiene caña también el último largo de la banda. Pero lo cierto, es que fue casi el único del disco que no tocaron, y yo personalmente, lo eché de menos y me quedé con las ganas de escuchar su huracanado y apocalíptico sonido en directo. Sólo espero que lo incluyan en futuros conciertos, porque creo sinceramente que se convertiría en uno de los mejores momentos de la actuación. No obstante, a partir de “Seven days” -última canción del “Again and again” interpretada esta noche y como ya he dicho anteriormente, una de las que con más rabia y empaque de dicho disco ejecutaron-, y sabiendo como saben estos pedazo de profesionales que el sprint final de los conciertos es el que acaba por dictar sentencia, se desmelenaron y nos ofrecieron una última media hora larga que fue un éxtasis de electricidad, clase, contundencia y grandes dosis de rock. Así fueron cayendo temazo tras temazo: “Ghost without a will” del “United”, “Let´s go out” del “Sonic”, la versión de “Hard road” de Rod Stewart, “Red ones” del “Speedkings” y como cierre, la soberbia reinterpretación de casi quince minutos del “I´m free” de The Who, con la que se desbocaron y nos ofrecieron toda una colección de solos brutales con los que acabaron (como siempre) poniendo la sala patas arriba, borrando dudas de un plumazo (como siempre), dejando a los asistentes exhaustos y felices (como siempre) y dando toda una lección de cómo debe entenderse, vivirse y ejecutarse el mejor rock (como siempre). Y yo, como el resto del público presente, no puedo por menos que agradecerles que nos hiciesen disfrutar de un espectáculo tan apoteósico… Como siempre.
CLICKAD MALDITOS, CLICKAD- enlace al videoclip del tema "Go around" de Sex Museum: http://www.youtube.com/watch?v=UdIsz-tHp2w

martes, 10 de mayo de 2011

DESCONCIERTOS (THE QUIREBOYS)



Concierto celebrado el pasado jueves 5 de Mayo de 2011 en El Sol (Madrid). Público: Lleno.

The Quireboys es una banda de rock and roll que se creó en Londres a mediados de los años ochenta, con músicos nacidos en Newcastle. Su primer álbum, “A bit of what you fancy”, fue todo un pelotazo que a día de hoy sigue condensando los temas más potentes de su repertorio: un puñado de himnos imperecederos y atemporales que son un fiel reflejo del mejor rock de tradición clásica que se ha compuesto en las últimas décadas, lo que les permitió obtener un enorme éxito de crítica y de público y compartir escenario con lo más granado del panorama musical del momento: Guns n´ Roses, L.A. Guns, Iggy Pop, Soundgarden, The Cramps, The Charlatans, The Cult, The Rolling Stones, Whitesnake, Poison, Aerosmith y un sinfín de grandes bandas más. La irrupción del grounge hizo que grupazos como éste comenzasen a ser denostados poco a poco por la crítica, arguyendo esa sempiterna letanía que a día de hoy sigue tan vigente: lo nuevo mola y lo viejo está caduco. Como vivimos en un mundo en el que todo evoluciona rápidamente y el consumo es aceleradísimo, se tiende desde los medios musicales especializados y ya no digamos desde los medios de comunicación masivos a intentar generar nuevos ídolos en todo tipo de ámbitos (entre los que se incluye por supuesto, el de la música) para nutrir las expectativas de un ávido público cada vez peor formado y que cada vez da menos valor al conocimiento de las raíces de la música, del cine y del arte en general. Un público que consume productos de forma ansiosa y los encumbra con la misma facilidad con la que luego rápidamente se olvida de ellos. Lo que nunca han sido capaces de reconocer, entender ni predecir los críticos modernatas, gafapastiles y pachangueros de turno, es que existen géneros como el del rock n´roll que por mucho que ellos se empeñen en denostar como algo pasado de moda, realmente poseen una esencia y autenticidad tan grandes, que jamás dejarán de tener vigencia; porque nacen del corazón y de las entrañas y porque poseen el alma que a tantos y tantos grupos moderniles y de radiofórmula que ellos encumbran, les falta. Porque los auténticos rockeros, como estos The Quireboys viven para y por su música y la hacen una forma de vida en la que creen con una fe ciega, que por tanto defienden (en sus directos) con un encorajinamiento e intensidad excelsos. De hecho, lo más meritorio sin duda de grupos como éste, es ver como siguen dejándose la piel sobre el escenario en cada actuación, pese a que hayan pasado de tocar en estadios repletos ante miles de personas, a tocar en salas de pequeño aforo ante audiencias más reducidas. Esto es debido a dos cosas que por desgracia a muchas de las nuevas bandas que surgen a día de hoy en cualquier rincón del mundo les falta: profesionalidad y sobre todo una pasión inusitada por eso a lo que han dedicado su vida y que mejor saben hacer, y que no es otra cosa que tocar. Por eso, cuando al comienzo de cada nuevo concierto, el carismático líder y vocalista de la banda británica grita su famoso: “We are The Quireboys and this is Rock and Roll”, a los amantes de la buena música se nos pone un nudo en el estómago al saber que durante las dos horas siguientes vamos a disfrutar de un espectáculo mayúsculo orquestado por unos músicos como la copa de un pino que además van a poner toda su alma en cada acorde, cada movimiento, cada riff, cada melodía y cada canción, defendiendo lo que en el fondo no es otra cosa que una forma de vida, que a tantos y tantos nos ha servido precisamente, para alegrar y para hacer más llevaderas las nuestras propias. Para colmo de bienes desde el primer momento de este bolo Spike, Griffin y compañía dejaron más que claro que esta iba a ser una noche especial y es que pese a que sus directos son siempre sinónimo de calidad y cojones, en esta ocasión se mostraron mucho más enchufados que en sus dos anteriores visitas a la capital, como si hubiesen bebido un elixir que los rejuveneciese y les otorgase más velocidad en los dedos, más contundencia en las cuerdas vocales y más vitalidad en sus cuerpos. Debido a esto, la batería y el bajo sonaron con más fuerza que nunca, los riffs de guitarra fueron más abrasivos y la voz de Spike fue más árida, sensual y afilada que la del mismísimo Rod Stewart de los primeros tiempos, al que él siempre tanto ha admirado. Evidentemente dieron salida a canciones de sus trabajos más recientes: “Homewreckers & Heartbreakers” y “Halfpenny Dancer”, tocando también algún tema del impoluto “Well Oiled”, pero cuando nos hicieron tocar el infierno (el cielo de los rockeros) fue cuando se centraron en los míticos temas que conforman el que hasta la fecha es su mejor álbum, el irrepetible “A bit of what you fancy”. Prendieron la mecha con “7 O´clock” a la que se fueron sumando “Whippin´ Boy”, “Sweet Mary Anne”, “Roses & Rings”, “I Don´t Love You Anymore”, que fueron haciendo que las llamas creciesen más y más para acabar incendiando una sala que acabó extenuada y rendida a sus pies con las memorables: “Take me home tonight” y  “Sex Party”. Dos horas de música inconmensurable vestida de gala con el traje del mejor Rock, oficiadas por ese frontman canallesco y pendenciero de pañuelo eterno, que una vez más se transmutó en el mismísimo diablo para regocijo de su público. Dos horas que deberían servir de ejemplo para todos esos “sin sangre” que día sí y día también se suben a un escenario para tocarnos los cojones con su desgana y falta de actitud. Dos horas que resumen a la perfección la indiosincrasia de un género imperecedero y de cómo ha de ser entendida y ejecutada la música en directo, que concluyeron con los miembros de la banda saludando y charlando afectuosamente con el público durante más de una hora, sin poner ni una mala cara ni hacer un mal gesto; algo de lo que también deberían aprender todos esos “musiquilicuatres de tres al cuarto” que van de estrellitas, cuando en realidad no son más que unos petulantes engreídos de los que nadie se acordará dentro de unos meses, encumbrados por esos otros engreídos de turno que siguen haciéndonos creer que el Rock & Roll ha muerto.
¡Perdónalos Dios, porque no saben ni lo que hacen ni lo que dicen!
CLICKAD MALDITOS, CLICKAD- enlace al tema "Sex Party" de The Quireboys: http://www.youtube.com/watch?v=XYfczbtxAWU