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domingo, 8 de abril de 2012
DESCONCIERTOS (RED HOUSE Y NOMOREBULLSHIT)
Concierto celebrado el pasado Miércoles 20 de Diciembre de 2011 en El Sol (Madrid). Público: algo más de ½ entrada.
RED HOUSE: grupo liderado por Paco Simón (le recordaréis por formar parte de la banda que acompañaba a Wyoming en “Caiga quien caiga” junto al Maestro Reverendo) que es uno de esos guitarristas a lo Malcolm Young que hacen poco ruido, que parece que no influyen en el resultado final; pero que realmente son inconmensurables y acaban llevando todo el peso de las melodías y por el californiano Jeff Espinoza (el que fuera cantante de la Vargas Blues Band). Visitantes habituales de la sala, volvieron a deleitarnos con un exquisito repertorio en el que el Blues y el R&B se impusieron con una contundencia y un sonido, de una elegancia y pulcritud desbordantes. Uno a uno fueron cayendo temas de los cinco discos que tienen grabados, centrándose sobre todo en los que componen su último álbum publicado, el excelente “Chihuahua Boogie”, en los que la voz de Espinoza se ha vuelto mucho más profunda y cavernosa y cada vez recuerda más a la de los británicos Chris Rea y Joe Cocker.
NOMOREBULLSHIT: son otros habituales de la sala. Se trata de una banda de versiones cuyo principal propósito es tocar esporádicamente para pasárselo bien. Poseen una calidad humana fuera de toda duda, ya que fundamentalmente suelen actuar de forma desinteresada para ayudar a todo tipo de ONGs (como de hecho también ocurrió en esta ocasión, en la que tocaron para colaborar con Campamentos Solidarios). Pero sin duda, no es la calidad humana su única virtud. Y es que, No More Bullshit se toman muy en serio lo que hacen y suelen regalar directos más que dignos. En esto influye fundamentalmente el hecho de que entre sus filas se encuentra el prestigioso guitarrista Francisco Simón (el ya citado pilar básico de Red House) que dota de clase y virtuosa elegancia todo lo que toca. Una vez más volvió a deleitarnos con una clase magistral de cómo extraer los mejores acordes de una guitarra en su vertiente más rockera. Cimentadas en su intensa forma de tocar, las versiones -todas ellas adscritas fundamentalmente a dos grandes géneros: el rock y el blues- ejecutadas por este grupo, cobran pues una relevancia en muchos casos superlativa y en el resto, como poco suenan correctas. En su repertorio, como siempre volvieron a sonar clasicazos atemporales: “Cocaine” de JJ Cale, “Great balls of fire” de Jerry Lee Lewis, “Johnny B. Goode” de Chuck Berry, “Walk on the wild side” de Lou Reed, “Mustang Sally” de Wilson Pickett, y como no, varios temas de The Velvet Underground, de Elvis y de The Rolling Stones.
LO MEJOR: poder disfrutar por partida doble de Francisco Simón y como no, volver a deleitarnos con el buen hacer de Spinoza.
LO PEOR: la voz de Antonio Montes, vocalista de Nomorebullshit, que volvió a ser un pequeño lastre para el resto de la banda. Su impostura quedó esta vez más de manifiesto, tras escuchar después de él al fenómeno Spinoza.
MOMENTO ÁLGIDO: Red House sorprendieron al dotar a varios temas de su repertorio de unos toques “rockabillys”, que los enriquecieron sobremanera y que nos mostraron que su sonido sigue evolucionando a mejor con el paso del tiempo.
PALABRA DE CHULÓN: da gusto que exista gente como los integrantes de Nomorebullshit, que siempre están dispuestos a colaborar con los más desfavorecidos a través de ONGs como NUCBACD y Campamentos Solidarios.
PUNTUACIÓN: RED HOUSE-7´5 / NOMOREBULLSHIT- 6´5
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viernes, 16 de diciembre de 2011
DESCONCIERTOS (JD McPHERSON)
Concierto celebrado el pasado Jueves 10 de Noviembre en El Sol (Madrid). Público: lleno.
El primer disco en solitario de JD McPherson, antes al frente de Starkweather Boys, “Signs & Signifiers”, ha sido considerado por la crítica especializada como uno de los mejores discos de Rock and Roll del año y ha contado además con el beneplácito del público más purista: esos rockers de la Vieja Escuela que en la mayoría de lugares (también en nuestro país) son los que suelen aconsejar con sus opiniones por donde van los tiros, a las nuevas hornadas de amantes del género, a los cachorros de nuevo cuño y al resto de rockers y “advenedizos” (jerarquías mandan) menos exigentes en cuanto a valorar y preponderar el clasicismo de bandas y solistas que escuchan. No es de extrañar por tanto que en esta velada hubiese un predominio casi absoluto de tupés y patillas y no se viese un mayor eclecticismo en el público, más propio de otros artistas centrados en el revival, tipo Kitty, Daisy and Lewis, por poner un ejemplo. Esto por un lado es un claro ejemplo de que la esencia de las canciones que componen “Signs & Signifiers” es de una pureza estilística que evoca a los gloriosos 50´s y a los más grandes maestros del género -Howlin Wolf, Elmore James, Bo Diddley, Chuck Berry…-, y por otro, una muestra más de que por desgracia este tipo de música, pese a poseer como en este caso una calidad aplastante, un sonido exquisito, una elegancia abrumadora y un ritmo estratosférico, apenas llega, es conocida ni valorada, por un público más masivo. Lo que a su vez es motivo de orgullo para un público que sobre todo valora la autenticidad y una identidad propia, única, diferente (y minoritaria) y gusta de guardar en secreto sus joyas; y que por tanto rehuye y huye de modas y estilos más masivos, generales y generalistas; pero en el fondo provoca que haya ciertos sectores de la audiencia, con las orejas potencialmente más abiertas, a las que apenas les lleguen estos sonidos, lo que provocaría que artistas de este calibre alcanzasen un reconocimiento mucho mayor del que poseen.
No obstante, con actuaciones como la de esta pasada velada, de Rock and Roll con mayúsculas en particular y de Música con mayúsculas en general, me temo que JD y compañía van a incrementar notablemente su nómina de adeptos allá donde vayan, porque poseen una calidad incuestionable que subyuga con una facilidad asombrosa. La fórmula de su éxito es el resultado de una conjunción de talentos abrumadora. Que JD canta con una suficiencia increíble es algo que ya se ha comentado miles de veces, pero a esto hay que añadir algo que no se ha resaltado tanto y es que toca la guitarra -una preciosa Fender Telecaster como no podía ser de otro modo- de forma avasalladora y endemoniada, gracias a una velocidad en sus dedos que hacía mucho que no veía y generando unos sonidos afilados y punzantes de esos que se clavan como puñales en la memoria para no marcharse jamás. Al de Oklahoma además le acompañan el portentoso Jimmy Sutton al contrabajo, que además es el productor del disco y sobre todo en el directo, es el que lleva el peso de los temas con una base rítmica brutal, atronadora y sin fisuras; Alex Hall a la batería, que atesora una clase con las baquetas exquisita y además se ha encargado de las mezclas en “Signs & Signifiers”; y Jonathan Doyle al saxo, que es quien se encarga de elevar el tono general del conjunto con sus enrevesados, coléricos y casi enloquecidos (el espíritu de James Chance sobrevoló la sala personificado en él) solos y sobre todo de aportar un abanico de matices que hacen que el sonido 50´s suene fresco y revitalizador sin perder ni un ápice de su primitiva esencia.
A este talento hay que añadir una enorme actitud y un despliegue de energía encomiable. Prueba de ello es que McPherson comenzó la actuación algo dubitativo debido a unos problemas en su garganta más que evidentes, por lo que pidió disculpas al público varias veces. Lejos de restarle puntos al devenir del concierto, el esfuerzo de JD por superarlos creciéndose ante las adversas cirscunstancias y consiguiéndolo finalmente -su voz se fue calentando hasta eclosionar con una intensidad demoledora en la recta final de la noche-, otorgó a la figura del cantante un plus de brillantez cimentado en su fuerza, garra y pundonor sobre las tablas.
Del repertorio, simplemente decir que fue uno de los mejores compendios de R ´n´ R, swing, boogie y blues que se pueden degustar a día de hoy en el planeta, sobre todo porque el cantante norteamericano consigue transmutarse según el tema interpretado, en algunos de los más grandes maestros del género. Así, con “Scandalous”, tema con el que abrieron la noche, JD evocó al Little Richard más huracanado; con “Dimes for nickels” y “B.G.M.O.S.R.N.R.” a Chuck Berry; con “I can´t complain” a Elmore James; con “Wolf teeth” (ya en los bises, acojonantes por cierto) al homenajeado Howlin Wolf y su negra alma de blues; a Jackie Wilson con “North Side Gal”; y con “Signs & Signifiers” a Bo Diddley. Mención especial merecen las dos versiones incluidas en su álbum de de debut: “Country boy” de Tiny Kennedy y “Your love” de los Bellfuries de Joey Simone, y la también increíble versión que se marcaron del “Carol” de Chuck Berry. Un lujazo para una memorable velada de exquisito sabor añejo.
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viernes, 9 de diciembre de 2011
DESCONCIERTOS (GUADALUPE PLATA Y WALTER DANIELS)
Concierto celebrado el pasado Martes 8 de Noviembre de 2011 en El Sol (Madrid). Público: lleno.
Hace cuatro meses los andaluces Guadalupe Plata pusieron El Sol patas arriba, en esa ocasión acompañados de los acojonantes Sogorda y Surfea. Cuatro meses después, los de Úbeda junto con el armonicista de Austin Walter Daniels, lo han vuelto a hacer: han vuelto a hacer temblar los cimientos de la sala, han vuelto a dar uno de los conciertos del año en la capital, han vuelto a demostrar que son una de las bandas más revitalizadoras, originales y personales de nuestro país y sobre todo, han vuelto a demostrar que poseen un directo muy difícil de igualar por ningún otro grupo u artista.
Y es que en esta última gira, al tratamiento casi salvaje, enloquecido y psicótico de géneros como el blues de los pantanos, el rock e incluso el rockabilly, de un primitivismo adictivo, al que nos tienen acostumbrados Guadalupe Plata, hay que añadirle además la figura de un Walter Daniels -“The feedback harmonica king”-, que a su vez, es otro revitalizador de géneros como el punk-rock, el blues y el country, gracias a su endiablada forma de tocar la armónica y a su forma de cantar colérica e hiriente, utilizando para ello el micrófono de la propia armónica, lo que crea un efecto que te acuchilla los sentidos hasta hacerlos sangrar de placer y que se complementa como llaga al dedo con los afilados solos de guitarra y con los encorajinados, escuetos y explícitos alaridos de Perico de Dios, con las bases cenagosas del batería Carlos Jimena y con los lamentos extraídos por Paco Luis Martos de su contrabajo casero “made in averno” con accesorios tales como serrucho y barreño para drenar sangre en las matanzas. Multiplicando el cuarteto hasta la excelencia los de ya por sí acojonantes registros que poseen por separado, tanto el trío español como el americano del gaznate profundo (“Siñor David, one more Jim Bean and otra beer”, repetido una docena de veces en un recorrido infernal plagado de eses y múltiples intentonas de abandonar la sala por varias salidas de emergencia, por el “office” y por los baños, que terminaban por conducirle de nuevo a mis dominios, hasta que acabó por fin encontrando la puerta de salida. Excesivo pues en todos los ámbitos, el bueno de Walter). Ofreciéndonos un concierto sin parones ni respiro, de ritmo frenético, impetuoso y brutal y con un sonido brillante. Provocando de nuevo el éxtasis en un público que se entrega a estos animales de escenario desde los primeros acordes y es vapuleado hasta el desmayo, en cada nueva homilía orgiástica musical protagonizada por estos músicos sobre el escenario.
En esta ocasión, con un repertorio acertadísimo en el que se incluyeron salvajes versiones de clásicos como Hound Dog Taylor, temas de Daniels y sobre todo en una recta final incendiaria, buena parte de las canciones que componen el brillante disco debut de los jienenses, que con la aportación del norteamericano se tornaron aún más frenéticas, incisivas y lisérgicas. Que esta gira conjunta haya sido denominada como “Satán”, no es de hecho ninguna fanfarronada, porque nunca antes estribillos como “¿Qué se siente al matar un gatito?” de “El gatito” o “Disparas tú o disparo yo” de “Lorena”, habían sonado tan despiadados. Mención especial merecen también esas “Serpiente negra” y “Satánica” que volvieron a recordarnos a Jonh Spencer y Tito & Tarántula, pero con un plus de distorsión y primitivismo animal, casi enfermizos.
Sin concesiones ni medias tintas, apostando todo al rojo sangre y ganadores como son, volviendo a apostar las ganancias obtenidas al negro abismo.
Guadalupe y Walter, antídoto de almas hastiadas de toda esa bazofia musical que nos rodea, en forma de veneno. ¡Bendito veneno maldito!
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viernes, 2 de septiembre de 2011
SONÓ EN EL 2010 ("BLACK ROCK")
JOE BONAMASSA
“Black Rock”
J&R Adventures
ROCK/BLUES (TRES ESTRELLAS Y MEDIA)
El americano Joe Bonamassa, es una máquina de sacar discos. El último es este “Black Rock”, que de nuevo vuelve a estar a la altura de las expectativas. Trece canciones entre las que encontramos temas propios (los más destacados del álbum, sobre todo esa maravilla que es “Blue and evil” donde parece transmutarse en el Jimmy Page de la época del “Physical graffiti”) y como viene siendo habitual, una serie de versiones de temas míticos de la crème de la créme del mundo de la música: Bobby Parker, Jeff Beck, Rod Stewart, Ron Wood, Leonard Cohen… En todas ellas, Bonamassa sigue dando lecciones magistrales de cómo se debe tocar una guitarra (no olvidemos que ya a la edad de doce años era elogiado por el maestro B.B. King, quien también colabora en este disco en el tema “Night life”) y vuelve a mostrarse como un excepcional vocalista, especialmente en “Quarryman´s lament” (de una sensualidad extasiante) y en “Three times a fool”, en las que recuerda y mucho al extraordinario Don Henley, cantante y batería de The Eagles. El décimo trabajo de estudio del americano es rock negro. Negro y exquisito como el caviar.
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domingo, 24 de julio de 2011
DESCONCIERTOS (JONNY KAPLAN & THE LAZY STARS Y THE SERPIENTES)
Concierto celebrado el pasado Miércoles 15 de Junio de 2011 en El Sol (Madrid). Público: 100 personas aproximadamente.
Apenas dos años después de la última visita de Kaplan a España, el californiano volvió a dejarse caer por la famosa sala madrileña de conciertos, acompañado de nuevo por The Serpientes como teloneros. Esta banda afincada en la capital lleva ya varios años tocando dentro del circuito de salas de música en vivo y han grabado un E.P de debut con seis canciones, en el que colaboran además del propio Jonny Kaplan, también Ted Russell Kamp y Eric Heywood. Pese a las buenas críticas cosechadas, en especial desde la revista especializada Ruta66, a mí en directo, como ya pasara dos años antes, estos The Serpientes no acaban de convencerme. Y esto es debido a varios motivos. El primero es que R. Von Timón, posee una voz muy poco personal y con una escasez de recursos más que alarmante, que no dramatiza ni matiza ni llena ni sobrevuela ni eleva, ninguno de los temas del grupo. El segundo es que son una banda que pese a su innegable corrección musical, se muestra excesivamente fría en escena, lo que provoca que sobre todo los primeros compases de sus conciertos sean anodinos, monótonos y aburridos, con unas evidentes carencias de fuerza y de garra. Por eso sus canciones nos recuerdan al sonido de una especie de The Doors sedados a los que les faltasen la fuerza y pasión dramática de Jim Morrison, la elegancia de Ray Manzarek y la clase de Robby Krieger. Esto provoca que pese a que su estilo se engloba dentro de uno de mis géneros favoritos -el del rock clásico americano, tocando diversos palos que van desde la psicodelia setentera al rock sureño más añejo-, al ser tocado con tan poco arrojo, con tan poca alma, acabe tan sólo por provocarme un regustillo más amargo que dulce. Y eso, que en esta ocasión, consiguieron en la segunda parte de su actuación calentar algo más el ambiente que en su anterior visita, gracias sobre todo a la buena labor de Furry H. Hyman al órgano electrónico. Si consiguiesen transmitir algo más que corrección a la hora de ejecutar sus canciones, la película sería bien distinta, pero de momento temas como “El bigote”, “An invocation to Mr Jimmy 1” o “Under the rain”, se quedan tan sólo en un quiero y no puedo en el que imperan las buenas maneras (lo que al menos les alcanza para cumplir) pero al que le falta mucha salsa que enriquezca el conjunto. Vamos, que son como un filete a la plancha de buena calidad al que le faltan la sal y una suculenta guarnición. O como una tortilla de patata sin cebolla.
Esto se hizo más que evidente al saltar a escena Jonny Kaplan acompañado de su banda. Y es que ya desde los primeros compases de su concierto, demostró que a diferencia de The Serpientes estos sí juegan en una división superior. Por eso pese a que su fórmula sonora y estilística viene a ser más o menos la misma que la de los madrileños: rock clásico americano con altas dosis de rock sureño y en este caso también con muchos toques de blues; al ser ejecutada con mucha más alma, empaque y contundencia, provoca que sus canciones emocionen y generen muchas más sensaciones positivas en el espectador. A esto hay que sumarle que la voz desgarrada y arrastrada del californiano (en la tradición de los mejores cantantes del género) sí que consigue estremecer y envolver a partes iguales con su riqueza de matices; y que la labor de Dan Wistrom a la guitarra y de Chris Lawrence al pedal steel fue sencillamente acojonante. Lo que provocó que en los temas más enérgicos de su repertorio (pertenecientes casi todos a sus dos primeros discos, los mejores que ha publicado el grupo) saltasen chispas y viviésemos una magnífica velada de rock de clara raíz stoniana y reminiscencias del mejor Neil Young. Una magia que se perdió cuando acometieron varios temas de su último largo publicado -“Seasons”-, que es el más anodino de su carrera y peca de falta de garra. Estos medios tiempos, hicieron que el tono general del bolo se resintiese. No por el ritmo más pausado de los temas en sí, sino porque a la hora de ejecutarlos demostraron que no consiguen emocionar de la misma manera que sí lo hacen con sus canciones más cañeras y trepidantes. Aún así, su concierto estuvo más que bien y sobre todo Jonny, mucho más entonado que en su última visita.
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viernes, 6 de mayo de 2011
DESCONCIERTOS (JULIÁN MAESO)
Concierto celebrado el pasado martes 3 de Mayo de 2011 en El Sol (Madrid). Público: 60 personas aproximadamente.
Que Julián Maeso es uno de los grandes organistas de este país, es algo incuestionable que ha venido demostrando a lo largo de una de las trayectorias musicales, más serias, coherentes y exitosas que ha habido en este país en los últimos quince años. Lejos de conformarse con vivir de las rentas, o con seguir ahondando en fórmulas y estilos musicales con los que ya ha conseguido el éxito y el reconocimiento de público y crítica, Maeso ha decidido dar un nuevo paso en su carrera, publicando un disco en solitario (acompañado de una grandísima banda, eso sí) en el que se ha dedicado a profundizar en nuevos géneros -folk rock con altas dosis de blues y sonidos fronterizos de clara raíz americana, aderezados eso sí, con esas pinceladas souleras a las que seguramente jamás querrá ni podrá renunciar-, dejando atrás el ya lejano indie pop de The Sunday Drivers y los sonidos funk y soul mucho más dinámicos, movidos y bailables de The Sweet Vandals y Speaklow. Y claro está, cuando tienes tanto talento como el que él atesora, la apuesta no puede acabar de otro modo que siendo sinónimo de calidad y elegancia, y espero personalmente que también de éxito, porque los temas desgranados de su “We live behind a shadow” durante este concierto, fueron un compendio de rock pausado y profundo de una exquisitez apabullante. Con un sonido muy 70´s, poéticas melodías y una brillantez técnica en la ejecución que nos dejó con la boca abierta, Maeso volvió a mostrarse como el enorme organista que es, pero además se destapó como un gran cantante, poseedor de una de esas voces rugosas, áridas y cavernosas que tan bien le van a este nuevo estilo de arires fronterizos y bluesísticos con aroma a desierto y sabor a bourbon, que ahora marca su carrera. Sería injusto no obstante, no mencionar al resto de miembros de la banda como sendos pilares sin los que este proyecto no sería ni la mitad de bueno de lo que es. Todos ellos estuvieron soberbios: Sergi Fece al Piano Rhodes, Juli el Lento a la batería, Alfonso Ferrer al bajo y sobre todo Lyndon Parish a la guitarra rítmica y haciendo unos coros soberbios, y el Gran Amable como guitarra solista, que demostró con sus riffs endiablados y frenéticos el por qué de su apelativo. Me gustaría reseñar también la participación de Maica de The Sweet Vandals en uno de los temas, derrochando energía y ovarios en la gran línea a la que siempre nos tiene acostumbrados, como otro de los grandes momentos de un concierto sobresaliente, pese a la falta de rodaje en directo que todavía tiene esta banda, que me dejó la sensación de que algunos temas pese a su incuestionable calidad, como ya he dicho anteriormente, podrían haber sonado aún muchísimo mejor, con más empaque y contundencia. Por tanto, dentro de unos meses, asistir a un bolo de esta Julián Maeso Band, va a pasar de ser la hostia, a ser la hostia en verso. Mu´ rico niño, que diría aquel.
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