BIGOTT: curiosa formación. Los zaragozanos te pueden gustar o no, pero al menos tienen una propuesta original que ofrecer. Música oscura y juegos vocales inverosímiles (mezclando voces muy personales que abarcaron todo el crisol de tonalidades desde la negrura más absoluta a la claridad más luminosa). Por momentos me recordaron a la Björk más trangresora. Su concierto fue un alegato a la tenebrosidad compuesto de serenas pero intranquilas melodías evocadoras de suicidios por ahorcamiento. ¿Es eso malo? Tengo mis dudas, pero creo sinceramente, que no. De hecho, los momentos más folk ofrecidos por esta formación han sido de lo mejor que he escuchado en El Sol, dentro de este género musical.
BIGOTT (Y 2): me gustaría comentaros también la visita de los componentes de Amaral el sábado. Una vez más, los aragoneses quisieron apoyar con su presencia a un grupo de su tierra. Y tengo que decirlo una vez más: Eva y Juan son educados, cercanos y amables. Un lujo, de verdad, y ya sabéis que yo no peco de pelotismo sino de todo lo contrario.
DENEUVE: cordobeses ellos. Su pop es más adulto que el de la media, está más currado y las letras son más poéticas. Pero una vez más, y como me suele pasar habitualmente con este tipo de bandas, caí preso de la desidia escuchándoles y su concierto se me hizo más largo que las parrafadas que te sueltan las guiris en la barra para conseguir que las invites a un jodido chupito. Cada vez me resulta más difícil no repetirme pero es que a mí todo el indie-pop patrio me suena a lo mismo: a nada. Y como hoy me he levantado con buen pie (algo que no suele ser habitual, porque me suelo levantar a gatas y tengo que llegar arrastrándome hasta el inodoro para ofrecerle todo lo que llevo dentro) pues no voy a hacer más sangre de la necesaria.
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