domingo, 11 de diciembre de 2011

DESCONCIERTOS (THE BREW Y ÚLTIMA EXPERIENCIA)



Concierto celebrado el pasado miércoles 9 de Noviembre de 2011 en El Sol (Madrid). Público: casi lleno.
Para los que huimos de músicas manufacturadas, de playbacks, de falsos productos “musicales” y de “artistas” más preocupados en dar volteretas que de cantar, los géneros como el blues, el punk, el rock o el garage (por poner sólo algunos de los más destacados ejemplos) son tablas salvavidas a las que nos agarramos con uñas y dientes. Porque por regla general las bandas y solistas cuya música se adscribe dentro de cualquiera de ellos, suelen fundamentar su estilo y su sonido en la autenticidad y por tanto dan una importancia superlativa a sus directos, sabedores de que los mayores y mejores devoradores de dichos géneros suelen dictar sentencia (positiva o negativa) dependiendo muy mucho de cómo suenen sus canciones, más que en el estudio, en las distancias cortas de un concierto. Los madrileños Última Experiencia son más que conscientes de este hecho y como buenos amantes que son del rock de los 60´s y 70´s, que a la postre es el género del que bebe su música fundamentalmente, están creciendo como banda de la mejor manera posible: a base de patearse salas y más salas; tocando como cabezas de cartel, como invitados o como teloneros; ante públicos dispares y a veces ajenos (cuando tocas de telonero como ocurrió esta noche, generalmente lo haces ante un público que no viene a verte a ti, y para ganarte su respeto y conseguir su admiración tienes que emplearte al 100 %); adquiriendo tablas y experiencia que a la postre son las que forjan el carácter del individuo y le permiten obtener poco a poco más solvencia, seguridad y empaque; y andando su camino con pasitos cortos, sin prisas, sin perder el norte y construyendo sus sueños e ilusiones desde los cimientos y no desde el tejado. El mejor ejemplo de esta sabia forma de hacer las cosas es el hecho de que en apenas dos años esta sea la cuarta vez que el trío visita El Sol y que no tengan prisa en publicar un primer largo de debut (que no obstante llegará a principios del 2012), dejando primero que crezcan y maduren sus canciones a base de ser ejecutadas una y otra vez en sus conciertos. Y los satisfactorios resultados saltan a la vista. Todavía recuerdo su primer bolo allá por otoño del 2009 en esta mítica sala: los nervios atenazándolos, el tono plomizo y monótono de su actuación, su falta de ritmo, de garra y de alma, y la poca vida de unos temas que todavía sonaban deslavazados e insulsos. Dos años después y con tan sólo un E.P. más publicado desde entonces -el reciente “Tres”-, aquellos primeros temas de su E.P. de debut -“Madrid”- han evolucionado hacia una rotundidad, un empaque y una fuerza que los han convertido (a base de curro y esfuerzo, repito) en soberbios trallazos que engrandecen la mejor tradición del rock clásico, y los nuevos, también trillados hasta la saciedad para buscar la perfección durante estos dos años, antes incluso de ser publicados, suenan ya a algo reconocible y apetecible, a Última Experiencia, o lo que es lo mismo, a rock de guitarras de sonido incisivo y contundente, en los que además aparecen nuevos matices que enriquecen el conjunto como esos aires “blueseros” que hasta la fecha no eran tan característicos del estilo del grupo. Dos años después además, los nervios han dado paso a la seguridad, la monotonía al derroche de energía, la falta de ritmo se ha tornado en ritmo trepidante y la falta de garra en una mejoría de la actitud, en sudor, en saltos, en rabia y en hambre devoradora de escenarios. Y dos años después la técnica se ha pulido: J. Alberto y Carlos han dotado a las bases del trío de una fuerza demoledora en muchos momentos, antes inexistente y Miguel ha crecido como guitarrista (su voz tiene sin embargo todavía mucho margen de mejora) hasta límites insospechados, regalándonos unos punteos, unos solos y unos rítmicos de un virtuosismo incuestionable. A excepción por tanto de esos escasos momentos en que el trío se decanta por el pop melódico -“Janet the planet”, “La rueda gira”- que siempre han sido su talón de Aquiles y que no entiendo por qué siguen incluyendo en su repertorio (los medios tiempos no son lo suyo y nunca lo han sido), el resto fueron de largo los mejores minutos sobre un escenario que yo les haya visto hasta la fecha. De hecho, “La espiral”, “Ha sido un placer”, “Castillos de arena”, “La sensación”, “Lo sentido” y ese “Madrid” que de dejarme un regustillo en primeras escuchas ahora me parece un tema descomunal, sonaron inmensas, dejando bien a las claras que Última Experiencia siguen progresando adecuadamente. Y yo, que les conozco, que les profeso un gran cariño y que les estoy viendo crecer, me alegro no sabéis cuanto.
Que reconozca que Última Experiencia van sumando méritos con el tiempo, que Miguel toca muy bien la guitarra, que J. Alberto va logrando que su bajo suene más compacto, que Carlos ejecute con más vigor y contundencia, que les tenga cariño por su simpatía, que me alegre de su crecimiento y que en definitiva, sean una banda cada vez más correcta; no puede no obstante ocultar una realidad que The Brew se encargaron de constatar sólo unos minutos después de su actuación: del buen hacer a la excelencia hay un gran trecho y dicha excelencia está al alcance de muy pocos privilegiados. No quiero con esto restar méritos al trío madrileño, pero sí dejar bien claro que existe una Primera División Musical, que por su calidad, imagen, talento y actitud está a años luz del grupeto de bandas y solistas que habitualmente vemos tocar en el circuito de salas de la capital. Y los británicos pertenecen a ese grupo de privilegiados. Lo cojonudo del caso es que si analizas detenidamente sus discos y sus directos, te das cuenta de que en el fondo no tienen canciones de esas que se te quedan en la mente y lo que es más importante en el corazón, fácilmente, porque no poseen melodías rápidamente reconocibles ni estribillos pegadizos (a lo AC/DC para que me entendáis). Y sin embargo esto no resta ni un ápice de grandilocuencia al conjunto y no impide que sus directos se te claven en las entrañas como una espada incandescente. Porque el pipiolo Jason Barwick toca la guitarra con una suficiencia abrumadora a sus poco más de veinte años, con una técnica, un desparpajo y una energía que no sólo recuerdan, sino que reviven a los más grandes maestros de las seis cuerdas que ha dado la historia del rock: Page, Clapton, Hendrix, Townshend, Young o el más reciente Bonamassa. Porque ese mismo jovenzuelo posee una imagen demoledora e hipnótica, una actitud avendavalada, un control del ritmo y el tempo del concierto abrumadores y una energía que a su vez reviven a esos grandes monstruos del escenario como el ya citado Angus o el bueno de Pete, regalándonos estampas inmaculadas, imágenes eternas de esas que se adhieren a la retina para no perderse nunca, a cada minuto. Y para rematar posee un vozarrón que no se sabe de donde cojones brota y que te azota como un torbellino en la onda del Vedder de los inicios, que encima te deja la sensación de que cuando dentro de unos años esté más curtido y castigado va a ser ya la hostia en verso.
Porque el otro pipiolo Kurtis Smith revienta su batería con la rabia, la clase y el pundonor de a su vez los más grandes bateristas de la historia, pareciendo sobre todo una reencarnación del gran John Bonhan, como dejó bien claro en un solo de más de diez minutos en el que destrozó las baquetas y acabó tocando a base de puñetazos, logrando esos salvajes efectos que ya firmaba el de los Zeppelín en las míticas “Moby Dick” y “Over the top”.
Y porque el padre de Kurtis -Tim Smith-, lejos de amansar a las bestias; las incita, excita, exprime y jalea, ejecutando unas bases brutalmente feroces con su bajo, agarrado y tocado como una polla enhiesta que parece que pueda reventar en cualquier momento y que le convierten no en el tercero en discordia, sino en la pieza fundamental del motor de esta máquina avasalladora. Tanto es así, que no me duelen prendas al afirmar que para mí ésta ha sido uno de los dos o tres mejores bajistas que ha pasado por El Sol en la última década.
El resultado como no podía ser de otro modo, fueron dos horazas de rock con mayúsculas en el que el trío nos ofreció un compendio inigualable en el que se condensaron todas las virtudes de los más grandes de la historia: Hendrix, The Who, Cream, Led Zeppelín, Pink Floyd… Que se dice, mejor dicho se escribe pronto, pero que en realidad supone un mérito que está al alcance de muy pocos.
El momento álgido, el que nos puso los pelos de punta y nos aceleró la respiración, fue el homenaje que Jason hizo a Jimmy Page, tocando su guitarra con un arco de violín, ejecutando de forma asombrosa, con un sonido impoluto y una técnica inigualable, los primeros acordes de esa obra cumbre del rock que es “Dazed and Confused”, dentro de una actuación sobresaliente en la que sobre todo desgranaron temas de su último disco “The third floor” y revisaron algunas de las canciones más emblemáticos de sus dos primeros largos.
Unas bestias pardas, oígan.


No hay comentarios: